“…Si no nos arriesgamos, si actuamos roles socialmente prescriptos en lugar de emprender nuestros viajes, experimentamos un vaciamiento interior. Cuando las personas son desalentadas a atacar dragones, internalizan la necesidad y se atacan a sí mismas, declarando la guerra a cualquier atributo de sí mismos que consideren desagradable. O se enferman y tienen que luchar para reponerse. Uno de los temas primarios de la literatura en la actualidad es esa experiencia de alienación y desolación. Por eso el antihéroe reemplaza al héroe…”-
Carol Pearson
La primera que vez que escuché a Leandro Pinkler, supe que era el comienzo de una fuerte predilección por sus conferencias. Una de mis favoritas fue allá por el 2011 donde trató el tema aquel del “Mito del héroe”.
Debo reconocer que lo escuché en un momento de esos claves de mi vida, y es el momento clave de una de mis amigas el que me lleva a aquel momento.
El mito del héroe se trata básicamente de un viaje, y este viaje heroico atraviesa absolutamente la historia de la humanidad en múltiples historias, mitos, fábulas y otros cuentos de hadas y leyendas, donde nos relatan cómo una persona se pone en marcha para dar cumplimiento a la gran tarea, la búsqueda de un tesoro difícil de encontrar.
Algunos de ellos han sido realmente famosos en la historia: Jasón, Moisés, Eneas, Odiseo, Hercules, Ulises. Y para quién dude de su vigencia en el tiempo no tiene más que pensar en la fama mundial de los escritos de Tolkien, Bradbury y a J.K. Rowling con su Harry Potter.
Pero traspasa la ficción, porque podemos aplicar este viaje al viaje que todos como seres humanos somos llamados a emprender: el viaje al alma misma.
Fue Carl Jung el que ahondó en este sentido, diciendo que este viaje del héroe que sobreabunda sospechosamente en todas las culturas de manera universal, es en realidad una proyección del camino que los humanos debemos recorrer a lo largo de nuestra vida.
La estructura básica de este mito es una misión que el héroe debe llevar a cabo, durante la cual se encuentra con enemigos y amigos, ayudantes o aliados. Una vez que consigue lo que busca, deshaciéndose de sus perseguidores o adversarios, toma el camino de regreso a casa, adonde regresa marcado por las huellas del viaje. Es por ello que se llaman viajes iniciáticos: la persona se transforma para siempre y descubre potencialidades que desconocía poseer.
Muy complejo? En definitiva es el viaje a la felicidad propia, ese lugar que parece tan utópico que tiene el color del mito.
Yo creo de hace un tiempo ya que nada bueno puede llegar siempre y cuando no haya una valoración personal y una estima propia dignas, y que luego todo puede darse ya sea en el campo laboral, amoroso, o profesional. Es la tan trillada frase de “si no te valorás a vos mismo, como pretendes que te valoren otros?”
Parece una estupidez pero sin embargo el ser humano no para de repetir historias nefastas, auto destructivas en su vínculo con otros que lo dañan, como si todo el tiempo no parara de decirse frente al espejo “No te mereces algo bueno”. Y bien que gasta millones en encontrar la clave que lo saque de tales círculos viciosos.
Cuando era más chica me juzgaba/n por ser un poco dura y tajante en mis opiniones respecto a otros, y a mi misma; pero fue solo cuando pude realmente ejecutar cortes claros respecto a lo mal que me hacían otros, sin por ello connotar que fueran en si malas personas, que empecé realmente a hacerme un bien a mi misma. Igual me siguieron juzgando, pero me dejó de importar.
Y creo que eso fue lo que me pegó de la charla: la parte de la búsqueda.
La búsqueda no tiene nada de placentero, ni tiene un fondo de cortina musical hollywoodense, y está llena de pérdidas. Es un duelo constante.
La búsqueda es tortuosa, dolorosa, solitaria, pero si tiene recompensa.
Eduardo Cirlot nos dice. “… desde el punto de vista espiritual, el viaje no es nunca la mera traslación en el espacio, sino la tensión de búsqueda y de cambio que determina el movimiento y la experiencia que se deriva del mismo. En consecuencia estudiar, investigar, buscar, vivir intensamente lo nuevo y profundo son modalidades de viajar o, si se quiere, equivalentes espirituales del viaje. Los héroes son siempre viajeros, es decir, inquietos…” “…Pero el verdadero viaje no es nunca una huida ni un sometimiento, es evolución. Viajar es buscar. Así en general diríamos que el viaje a los infiernos simboliza el descenso al inconciente, la toma de conciencia de todas las posibilidades del ser…”
No hay viaje sin atravesar las sombras, dice Jung. Es un “descenso al infierno mismo”.
La última lección que aprende el héroe es la de la felicidad. La necesidad de emprender el viaje es innata a nuestra especie.
Conclusión
No hay manera de evitar el viaje.
Llega y nos encuentra si es que no nos movemos con valor para encontrarla. La única salida es atravesarla.
Emprender esta búsqueda requiere de valentía, y tal cual lo dice su nombre, el viaje es solo apto para héroes.
Y mi amiga ya anda con la pesada mochila a cuestas.
Para M.